domingo, agosto 27, 2006

El amante que entraba por la puerta


Ella se sentaba a esperar. Firme, decidida, mentalizada. Él nunca la besaba al despedirse. Sexo suicida.

viernes, agosto 18, 2006

Frenéticas esperas

La tórrida relación fue una época de ardientes deseos y fríos puñales. Las extrañas nanas nocturnas fueron sustituidas por vacías y escuetas palabras, carentes de temperatura. La relación parecía seguir, pero ahora no era tórrida, ni esporádica, ni fluida, ni cruel, ni erótica. Oh, ahora era una relación sin pelos ni señales. ¿Pero era a eso a lo que llamaba relación? Qué caótico ser viviente debía ser.
Conjugó el verbo que rondaba su mente de mil formas posibles. Seguía sin convencerle. Oyó que habían dicho que fuera hacía frío pero no se dio cuenta de ello; estaba ardiendo por dentro. Tal vez fuera el esfuerzo de conjugar el maldito verbo, tal vez fuera ese sentimiento de "¿y ahora qué?" que le hacía aguardar con rabia.
Fotografía de Irina Ionesco

martes, agosto 15, 2006

No buscaba un color, no.


Ciertas veces, algunas no tan lejanas, quise creer que esos lamentos te pertenecían. Ahora lo dudo. El azul eléctrico de tus labios, en ese sueño, me hizo pensar que no se complementaba con el pálido violeta de los míos. Además, deseé que los colores se fundieran en uno tantas veces... que ahora he aborrecido el deseo. Me he empachado de borgoña y, cegada por un velo cualquiera, no quiero cambiar de color. ¿O tal vez sí? La brisa no me ayuda. Hace que mis neuronas se relajen. Y ahí estoy yo, sentada sobre un sillón viejo y horrible, incómodo, que me hace desear no estar sentada aunque esté exhausta, malgastando los segundos azules eléctricos.
Ilustración de Ray Caesar