martes, agosto 15, 2006

No buscaba un color, no.


Ciertas veces, algunas no tan lejanas, quise creer que esos lamentos te pertenecían. Ahora lo dudo. El azul eléctrico de tus labios, en ese sueño, me hizo pensar que no se complementaba con el pálido violeta de los míos. Además, deseé que los colores se fundieran en uno tantas veces... que ahora he aborrecido el deseo. Me he empachado de borgoña y, cegada por un velo cualquiera, no quiero cambiar de color. ¿O tal vez sí? La brisa no me ayuda. Hace que mis neuronas se relajen. Y ahí estoy yo, sentada sobre un sillón viejo y horrible, incómodo, que me hace desear no estar sentada aunque esté exhausta, malgastando los segundos azules eléctricos.
Ilustración de Ray Caesar

1 comentario:

Laura Escuela dijo...

vaya, ese es un estado de ánimo complicado, pero en fin, nada mejor que el color vino y una copa fría para relajarse ante la evidencia de los malgastados segundos azules eléctricos.
Abrasosss