
Lo sentía con tal fuerza que a veces pensaba que su alma iba a romperse. Creía que algo dentro de ella iba a explotar y, como consecuencia, su interior sería un campo de batalla de entrañas, sentimientos hechos añicos e impotencia ilimitada. Porque sí, cuando lo sentía, se veía impotente, incapaz de hacer nada.
Se sentía molesta consigo misma. No había conseguido ser inmune. No. No había podido. Pero era humana y, por desgracia, no podía controlar sus sentimientos. No podía ni escribir, ni tan siquiera pensar con claridad. Su cabeza estaba tan inundada de él que casi sentía que se ahogaba.
Era lo que más necesitaba y lo más inalcanzable.
Se sentía molesta consigo misma. No había conseguido ser inmune. No. No había podido. Pero era humana y, por desgracia, no podía controlar sus sentimientos. No podía ni escribir, ni tan siquiera pensar con claridad. Su cabeza estaba tan inundada de él que casi sentía que se ahogaba.
Era lo que más necesitaba y lo más inalcanzable.
Fotografía de Andrei Nacu