sábado, julio 15, 2006

...Vuelve


No hizo falta decirle que se callara. Se calló. Y luego cayó. Tan sólo un milímetro, pero fue suficiente para que se diera de bruces contra la cruda realidad. Se levantó. No dio más de dos pasos cuando llamaron a la puerta. Su mirada atónita se paró como las agujas de un reloj que, poco a poco, muy lentamente, mueren momentáneamente (o tal vez de por vida) y dejan de señalar el paso del tiempo. No podía creerlo. Era Recuerdos. Estaba allí, a tan sólo un suspiro de ella. Cerró la puerta de súbito. En cuanto lo hizo supo que, por mucho que cerrara la puerta, Recuerdos iba a quedarse allí, sin inmutarse, esperando una nueva oportunidad para colarse por la puerta de su alma.

Fotografía de Fernanda Verón

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